Empleados de Pemex han sido señalados por varios frentes de participar en la red dedicada a este negocio ilícito de ganancias millonarias

En medio de la polémica estrategia que implementó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador  para el combate del robo de combustibles en México, el llamado “huachicol”,  la empresa (anteriormente paraestatal) Petróleos Mexicanos (Pemex), es señalada por varios frentes de ser partícipe en la red dedicada éste negocio ilícito de ganancias millonarias.

El dueño de una estación  servicio en el estado de Puebla, una de las entidades donde más proliferó el robo de  combustible, cuenta que el negocio de vender gasolina legal, que en otro contexto es sumamente lucrativo, se convirtió en una empresa improductiva gracias a la propagación del “huachicol”.

Durante algunos años, en la llamada “Franja del Huachicol”  en Puebla, la cual integran 67 municipios del estado, según reportes de Pemex al 2107,  toda la gente sabía donde comprar gasolina robada.

En la central de abastos de Huixcolotla, que da servicio a la región, se vendía  combustible robado a plena luz del día sin que ninguna autoridad hiciera nada.

El gobierno de México, encabezado por López Obrador,  desde hace unos días a llevado a cabo medidas para evitar el robo de hidrocarburos, según cifras oficiales, dadas a conocer por el mismo presidente, en los primeros 20 días se evitó el robo de 2.500 millones de pesos en combustibles.

Como parte del plan para combate del “huachicoleo”, López Obrador ordenó el cierre de al menos seis ductos de distribución en en centro y Occidente del país, con el objetivo de evitar el robo por medio de  las tomas clandestinas que existen a lo largo de los oleoductos.

Su estrategia ha funcionado. Sin embargo, el cierre de los ductos y la lentitud en la distribución,  que ahora se realiza en pipas, ha provocado escasez de gasolina en al menos 8 estados de la república,  incluyendo la Ciudad de México.

El propietario de la gasolinera en Puebla, quien guardo el anonimato por seguridad,  tiene claro que los empleados de Petróleos Mexicanos estuvieron involucrados en el “huachicol”.

Recuerda que los mismos distribuidores de Pemex fueron los que en distintas ocasiones le ofrecieron combustible ilegal, cuenta que hace unos años cuando el litro de gasolina rondaba los los 15 pesos, los choferes de los camiones cisterna de Pemex se lo ofrecían  a 10.

Aída Ramírez, representante de los gasolineros de la zona explica que el “huahicoleo” era un secreto a voces y que era muy difícil hacer la denuncia por la corrupción de las autoridades, ” se juega uno que le retiren la franquicia o que le hagan inspecciones de más”.

Según explica el dueño de la estación de servicio, Pemex controla el volumen de compras y ventas de todas las gasolineras del país.  Cada una de las ventas se registra automáticamente en un software, que conecta la computadora de los dueños, gerentes o gestores con Pemex y cada cuatro horas manda un informe al Servicio de Administración Tributaria (SAT) , si el informe no llega la empresa petrolera llama al centro de servicio para exigirlo.

En ese mismo sistema, los encargados de estación introducen los datos de cada una de las compras de combustible. Entonces, verificar si lo que se vende en una gasolinera es legal o no , es tan sencillo como cruzar los datos.

El presidente de México ha informado que a partir de la implementación de  su plan contra el “huachicol”,  están bajo investigación judicial tres funcionarios de Pemex sin que precisara el nombre o cargo.

Uno de los hallazgos más emblemáticos revelado por López Obrador, es una manguera de tres kilómetros que sacaba combustible de la refinería de Salamanca en el estado de Guanajuto, hasta instalaciones clandestinas.

También, dio a conocer que el general Eduardo León, exjefe de seguridad de Pemex, está siendo investigado  por su probable participación en la red para el robo de hidrocarburos.

El presidente mexicano ha reiterado que,  dicha red,  no hubiera podido operar sin el conocimiento de autoridades y funcionarios de alto nivel que orquestaban el robo desde dentro de la empresa petrolera.

En días recientes se encontró una manguera de 3 kilómetros que sacaba combustible desde
El propietario  de la gasolinera  cuenta que ahora todos sus compañeros que compraron combustible robado están asustados por si las autoridades les persiguen.

Lo que tiene claro es que si los nuevos gestores quieren limpiar la casa, lo harán. Porque hay datos de sobra.

El llamado “huachicoleo” es un fenómeno que se agudizó a partir del 2017, cuando las bandas criminales dedicadas al robo alcanzaron mucho poder,  hasta el punto de enfrentar a las autoridades.

En medios de comunicación se  ha hablado de los líderes de las bandas de ladrones, de sus enfrentamientos con el Ejército o la policía, por ejemplo el caso Palmarito, donde un grupo de ladrones se enfrentó con militares, causando la muerte de cuatro militares y seis civiles.

A mediados de 2017, el jefe de policía de uno de los pueblos de la franja del huachicol explicaba al diario El País, que todo había empezado por Pemex. “Había un ingeniero que vivía por aquí. Ese cuate desapareció hace años. Cuando nosotros llegamos en 2014, ese cuate ya no estaba.

Ese cuate les hacía las tomas a los huachicoleros, pero empezó a tomar mucho alcohol y droga. Y se empezó a desviar un poco. Pero le enseñó a mucha gente. El cobraba 25.000 pesos por toma”.

Según cuenta un vendedor de “huachicol”,  en tres años sirvió combustible  a no menos de 60 pipas con una capacidad de hasta 30.000 litros y 60.000 a los camiones que tienen dos depósitos.
Recuerda que a él lo invitaron al negocio a principios del 2015, el amigo de un amigo le dijo que buscaban distribuidores de la gasolina que robaban. No dudó en aceptar, pues las ganancias eran más que las de vendedor de coches usados.

A los nuevos en el negocio, los que perforan el ducto y sacan la gasolina, les vendían 1.000 litros a  menos de la mitad de su precio legal, esos litros los revendían un poco más caro y luego, en la segunda vuelta, los “huachicoleros” le dejaban 2.000 litros, la mitad de estos litros a crédito.

Y así consecutivamente les dejaban más litros, lo que representaba mayor ganancia a los vendedores de “huachicol”, explica que todo consistía en no fallar en los pagos.

Cuando ya manejaba cantidades superiores a 20.000 litros, le invitaron a participar como socio. El primer año, guardó el combustible en varios depósitos enterrados en su patio, unos 750 metros cuadrados.

Con una excavadora hizo agujeros en el suelo e instaló los tanques. Para bombearla a los vehículos de sus clientes nada más necesitaba una bomba como la que usan los depósitos de gasolina de los coches.

Le colocaba una manguera más larga y la instalaba en los depósitos. Luego la conectaba a la batería de su propia camioneta y listo.

Ya como socio, el vendedor de” huachicol” tenía que ir a buscar la gasolina, cuando acudía al ducto de Pemex a cargar sus dos contenedores de 1.200 litros cada uno, tenía que esperar su turno junto con decenas de camiones y pipas. Primero,  “el dueño del tubo” abría un agujero y luego iban de dos en dos a cargar, esta vez el litro gasolina se lo dejaban todavía mucho más barato.

El ladrón dice que ahora es el “dueño del ducto” quien se encarga de hacer la toma. Lo dibuja bastante fácil: quitas la cubierta del ducto, soldas una especie de llave de paso y abres un agujero con un taladro manual. Luego hay que estar pendiente de colocar la manguera y listo.

Según han informado autoridades del gobierno,  desde Pemex se ha observado cómo la presión del combustible baja por las tomas clandestinas, sin que nadie hiciera nada.

Para el dueño de la gasolinera en Puebla, el cierre de oleoductos ha sido una buena noticia, “En un día bueno yo vendo 10.000 litros de combustible”, cuenta. Pero en aquella época, en los años fuertes del robo de gasolina, en 2015, 2016, 2017, con suerte vendía 1.000 o 2.000.

El dueño tiene fe en el plan del nuevo Gobierno. “No hay desabasto, eso seguro. Porque yo voy a Veracruz y traigo mi combustible”.

Con información de El País