Este 10 de julio, integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la Ciudad de México salieron nuevamente a las calles para exigir atención a sus demandas. Las secciones 9, 10, 11 y 60 se movilizaron desde el Hemiciclo a Juárez hasta las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), ubicadas en el Centro Histórico.
Durante la marcha, las y los docentes insistieron en que la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 sigue siendo una exigencia prioritaria, a la que consideran pendiente por parte del Poder Ejecutivo federal. También manifestaron su inconformidad con los recientes descuentos salariales que han recibido, algunos superiores a los tres mil pesos, lo que desmiente —según afirmaron— cualquier versión oficial que sugiera que sus demandas han sido resueltas favorablemente.
Pedro Hernández, dirigente de la sección 9, señaló que esta nueva etapa de movilizaciones se enfoca en exigencias de carácter local, ya que, a diferencia de otros estados como Oaxaca, donde ya se han establecido mesas tripartitas, en la capital aún no hay avances significativos.
“Estamos impulsando que cada sección de la CNTE concentre sus esfuerzos en las demandas propias de su entidad. En la Ciudad de México, hay desigualdades evidentes. Mientras en el Estado de México los maestros reciben un aguinaldo de 90 días, aquí sólo se otorgan 40. Esto también es discriminación”, subrayó Hernández.
Al ser cuestionado sobre la posibilidad de retomar acciones como el bloqueo del Zócalo capitalino, el dirigente respondió que cualquier decisión dependerá de las consultas a sus bases y del balance general de su reciente jornada de protestas, la cual —recordó— se extendió por 23 días con la participación de más de 20 mil trabajadores.
Reclamos adicionales y respuesta institucional
Entre otras exigencias del magisterio se encuentran: homologación de prestaciones con otros estados, incremento en días económicos, aguinaldos de 90 días, basificación de interinos y continuidad en contrataciones. Además, piden detener la fusión de grupos, la desaparición de turnos escolares, y una distribución más equitativa de la matrícula estudiantil.
También han exigido frenar el acoso laboral, la judicialización de su labor docente y el autoritarismo de algunos directivos escolares, así como participar activamente en la revisión de la guía operativa educativa.
Durante la protesta, el magisterio repudió lo que consideraron una «campaña negra» en su contra por parte del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que los ha señalado como violentos. Afirmaron que su movilización es pacífica y tiene como trasfondo la lucha por condiciones de vida dignas para los trabajadores de la educación, particularmente en su etapa de retiro.
A pesar de que el pasado 23 de junio la presidenta Claudia Sheinbaum firmó dos decretos en favor del magisterio —uno para facilitar cambios de adscripción y otro para reducir la edad de jubilación gradualmente hasta el 2034—, la CNTE sostiene que estos avances no son suficientes.
La organización tiene programada una próxima mesa de diálogo con la SEP, la Secretaría de Gobernación y el ISSSTE, donde presentarán formalmente su pliego petitorio.




