Decenas de miles de personas han tenido que abandonar sus hogares ante el recrudecimiento de los combates en la frontera entre Tailandia y Camboya, que ya suman dos días de hostilidades y han encendido las alarmas por un posible conflicto de mayor escala.
Ante esta situación, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró una sesión de emergencia a puerta cerrada en Nueva York, donde, aunque no se emitió una declaración oficial, se supo que los 15 países miembros instaron a ambos gobiernos a bajar las tensiones, actuar con moderación y buscar una solución pacífica. También se pidió a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), bloque al que pertenecen Tailandia y Camboya, que intervenga como mediador.
Malasia, que preside actualmente la ASEAN, ofreció sus buenos oficios para facilitar el diálogo, mientras que Camboya, que solicitó la reunión de emergencia, exigió un alto al fuego inmediato y sin condiciones. Su embajador ante la ONU, Chhea Keo, negó que su país haya iniciado las hostilidades y cuestionó cómo una nación más pequeña, sin fuerza aérea, podría lanzar un ataque contra un ejército más grande y mejor equipado.
Por el lado humanitario, las autoridades tailandesas reportaron más de 58 mil personas desplazadas a albergues temporales en cuatro provincias fronterizas. En Camboya, al menos 23 mil personas han sido evacuadas de áreas cercanas a la zona de conflicto.
Los enfrentamientos, originados en una antigua disputa territorial, han dejado hasta el momento al menos 19 muertos en Tailandia, en su mayoría civiles. Camboya confirmó su primera víctima fatal el viernes.
El primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai, responsabilizó a Camboya de posibles crímenes de guerra por la muerte de civiles y los daños sufridos por un hospital en la región fronteriza. Aseguró que su país ha actuado con paciencia y moderación frente a lo que calificó como provocaciones y agresiones por parte del gobierno camboyano.



