La Habana enfrenta apagones y crisis energética

Por Redacción AAMX
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La capital cubana atraviesa una severa escasez de combustible que ha derivado en apagones frecuentes, tanto programados como inesperados, afectando la vida cotidiana de sus habitantes. La corresponsal de The Associated Press para el Caribe, Dánica Coto, visitó la isla a finales de enero, después de más de tres años, y observó cambios significativos en la ciudad y su población.

El deterioro urbano es evidente: la basura se acumula en las esquinas de áreas turísticas y la infraestructura arquitectónica, desde el barroco hasta el art nouveau, se está desmoronando. Los equipos públicos, como tractores y camiones de basura, se dañan con frecuencia y es difícil encontrar piezas de repuesto.

El suministro de energía eléctrica es limitado, y muchos cubanos recurren a la leña y al carbón para cocinar. La escasez también alcanza al gas natural y a los recursos básicos; en algunos casos, los residentes han instalado chimeneas improvisadas afuera de sus edificios. Las largas filas para obtener gasolina y los retrasos en los bancos reflejan un déficit de efectivo y problemas logísticos que complican la vida diaria.

Pese a la crisis, la población mantiene su resiliencia. Los cubanos recuerdan el Período Especial de la década de 1990, cuando enfrentaron una depresión económica tras la caída de la Unión Soviética, y actualmente buscan soluciones de autosuficiencia, como la instalación de paneles solares o el cultivo propio de alimentos.

El impacto del ataque de Estados Unidos a Venezuela, uno de los principales aliados de Cuba, se suma a los problemas existentes, incluyendo cortes de energía, aumento de precios y escasez de bienes básicos. Expertos alertan que la interrupción de los envíos de petróleo podría agravar la crisis y provocar dificultades aún mayores para la población.

El gobierno estadounidense ha intensificado su presión, designando nuevamente a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo y criticando la gestión del país. Sin embargo, el gobierno cubano mantiene un discurso desafiante, y los ciudadanos continúan buscando maneras de subsistir mientras denuncian el embargo y se adaptan a la situación.

A pesar de las dificultades, la vida cotidiana continúa: algunos dueños de perros pasean a sus mascotas, los hoteles ajustan los recursos para ahorrar suministros y las comunidades intentan mantener sus hábitos y costumbres. El lema «¡Patria o muerte, venceremos!» sigue presente como reflejo del espíritu cubano frente a la adversidad.

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