Estados Unidos e Irán sostuvieron este viernes conversaciones indirectas en Omán sobre el programa nuclear iraní, un encuentro que Teherán calificó como un avance inicial y que abre la puerta a futuras negociaciones, aunque sin una fecha definida.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchí, declaró a la televisión estatal que el diálogo representa “un buen comienzo” y precisó que las discusiones se concentraron exclusivamente en el tema nuclear, sin abordar el desarrollo de misiles.
Araqchí detalló que mantuvo intercambios prolongados e intensos con el enviado especial de la Casa Blanca para Medio Oriente, Steve Witkoff, así como con Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. Las conversaciones se realizaron mediante mensajes transmitidos por el canciller de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, quien actuó como mediador en Mascate.
El funcionario iraní indicó que ambas partes coincidieron en continuar el proceso de diálogo, aunque subrayó que los detalles sobre el formato y el calendario deberán ser definidos tras consultas internas tanto en Teherán como en Washington. Reconoció que, después de meses de tensión y del reciente conflicto de doce días con Israel, persiste un alto nivel de desconfianza que complica el avance de las negociaciones.
Aun así, Araqchí consideró que, si Estados Unidos mantiene la misma postura, podría establecerse un marco formal de negociación en los próximos encuentros, siempre y cuando se eliminen las amenazas y presiones como condición indispensable para cualquier diálogo.
Las conversaciones se desarrollan en un contexto de fuertes advertencias del presidente Trump sobre una posible intervención militar contra Irán, respaldadas por el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate en aguas cercanas al golfo Pérsico.
Este nuevo intento de acercamiento ocurre en uno de los momentos más complejos para la República Islámica, que enfrenta una severa crisis económica, escasez de energía, una prolongada sequía y un creciente descontento social, reflejado en las protestas más intensas registradas desde 1979.
En paralelo, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva que impone un arancel adicional del 25 por ciento a productos de países que mantengan relaciones comerciales con Irán. La administración de Trump justificó la medida al señalar que la política iraní continúa representando una amenaza para la seguridad nacional, lo que, a su juicio, amerita sanciones adicionales.




