Personas migrantes deportadas desde Estados Unidos, junto con activistas y representantes religiosos, llevaron a cabo el llamado “Viacrucis migrante” en Tapachula, Chiapas, una representación simbólica de la Pasión de Cristo con la que buscan evidenciar las dificultades que enfrentan en su tránsito y estancia en el sur del país.
Durante la manifestación, los participantes expresaron su inconformidad con las políticas impulsadas por el expresidente Donald Trump, señalando que estas han derivado en deportaciones que los han dejado varados en territorio mexicano. Como parte de la protesta, quemaron una piñata como símbolo del enojo e incertidumbre que viven.
El sacerdote Heyman Vázquez Medina, párroco de San Andrés Apóstol en Hidalgo, describió el acompañamiento a las personas migrantes como un proceso lleno de dificultades, comparable con un viacrucis por el sufrimiento que implica.
En ese sentido, denunció la falta de atención por parte de las autoridades, al asegurar que persisten abusos como robos y extorsiones, sin que exista una respuesta efectiva para proteger a esta población.
Por su parte, Luis Rey García Villagrán, director del Centro de Dignificación Humana, afirmó que Tapachula no es un destino elegido por los migrantes, sino un punto donde quedan varados, y acusó omisiones por parte de las instituciones responsables de su atención.
Asimismo, el migrante cubano Orlando Guillén Moro relató que fue deportado y separado de su familia, situación que lo mantiene en condiciones adversas en México, donde enfrenta discriminación y dificultades para rehacer su vida.
Durante la actividad, los participantes hicieron un llamado a las autoridades mexicanas para que atiendan su situación con mayor sensibilidad, al considerar que han perdido patrimonio, vínculos familiares y estabilidad, y que requieren apoyo para recuperar condiciones dignas de vida.







