Más de 82% de las personas de entre 15 y 24 años están conectadas a Internet en el mundo, pero Naciones Unidas advierte que esta amplia presencia digital también expone a niñas, niños y jóvenes a riesgos que no dependen únicamente de sus decisiones personales o de la supervisión de sus familias.
De acuerdo con los Principios Globales de Naciones Unidas para la Integridad de la Información, la forma en que las plataformas digitales están diseñadas y monetizan la atención de los usuarios también puede influir en los riesgos que enfrentan los menores.
La conectividad entre jóvenes alcanza 98% en Europa y 97% en América, mientras que en África llega a 50%. Sin embargo, el organismo señala que tener acceso a Internet no garantiza que la experiencia sea segura, útil o equitativa.
La preocupación se relaciona especialmente con la infancia y la adolescencia, etapas en las que todavía se desarrollan hábitos, valores, identidades y capacidades para tomar decisiones. En este contexto, la exposición a determinados contenidos, sistemas de recomendación y mecanismos diseñados para mantener la atención puede tener efectos que trasciendan el momento en que ocurren.
Uno de los conceptos analizados es el de la llamada economía de la atención, basada en captar y conservar durante el mayor tiempo posible la atención de los usuarios. Naciones Unidas plantea que este modelo puede generar riesgos particulares para los menores y pide a las empresas revisar prácticas que antepongan la interacción y el tiempo de permanencia a derechos como la privacidad y la seguridad.
El organismo también pone el foco en los datos que generan los usuarios al navegar. Estos pueden utilizarse para elaborar perfiles y dirigir publicidad, por lo que recomienda que las plataformas expliquen de manera clara cómo recopilan, almacenan, utilizan y comparten esa información.
Entre los principales riesgos identificados se encuentran la desinformación, el discurso de odio, contenidos perjudiciales, pérdida de privacidad, manipulación y exposición a sistemas algorítmicos que pueden reforzar prejuicios o crear burbujas informativas. El avance de la inteligencia artificial, además, facilita una circulación más rápida y amplia de contenidos falsos o manipulados.
Naciones Unidas sostiene que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en madres, padres o tutores. Las empresas tecnológicas también deben asumir obligaciones relacionadas con el diseño de sus productos, los sistemas de recomendación, la publicidad y el manejo de datos.
Entre sus recomendaciones se encuentran incorporar seguridad y privacidad desde el diseño, proporcionar mayor control a los usuarios, transparentar el funcionamiento de los algoritmos, establecer mecanismos eficaces para denunciar contenidos y adoptar medidas específicas de protección para menores.
Para los gobiernos, plantea desarrollar marcos regulatorios basados en los derechos humanos y proporcionar herramientas para que familias y docentes puedan acompañar a niñas, niños y adolescentes en el entorno digital.
Los Principios Globales no establecen una prohibición internacional de las redes sociales para menores ni fijan una edad mínima universal. Se trata de recomendaciones para mejorar la integridad de la información y reducir los riesgos digitales, mientras cada país determina sus propias leyes.
La ONU también advierte que la brecha digital representa un desafío adicional: mientras quienes no tienen acceso pueden quedar excluidos de oportunidades educativas y económicas, quienes sí están conectados pueden enfrentar nuevos riesgos. El reto, por ello, consiste en avanzar hacia un entorno digital que combine acceso, seguridad, privacidad y capacidad para tomar decisiones informadas.








