A 41 años del terremoto del 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México mantiene presentes las lecciones de aquella tragedia, tanto en sus normas de construcción como en sus sistemas de protección civil. Sin embargo, especialistas señalan que todavía existe un reto importante: revisar las condiciones de los edificios construidos antes de las principales reformas estructurales.
La capital tiene un comportamiento sísmico particular debido a las características de su subsuelo. Mientras algunas zonas se encuentran sobre terreno firme, otras se ubican sobre antiguos depósitos lacustres formados por arcillas que pueden amplificar las ondas sísmicas y prolongar el movimiento.
Esta condición explica por qué un mismo terremoto puede sentirse de manera distinta dependiendo del punto de la ciudad. En los terrenos blandos, el movimiento puede intensificarse, mientras que en zonas de suelo firme la percepción suele ser más breve y directa.
El terremoto de 1985, de magnitud 8.1, provocó el colapso de cientos de construcciones y dejó miles de víctimas. La magnitud de los daños llevó a modificar los criterios utilizados para el diseño y construcción de edificios en la capital.
Después de la emergencia se establecieron disposiciones de carácter urgente y, en 1987, entró en vigor un nuevo Reglamento de Construcciones para el entonces Distrito Federal, con mayores exigencias en materia de seguridad estructural y criterios específicos relacionados con las condiciones del suelo.
Desde entonces, el conocimiento sobre el comportamiento sísmico de la capital y sus edificaciones ha continuado desarrollándose. No obstante, las normas actuales no se aplican de manera retroactiva, por lo que las construcciones anteriores a esas modificaciones requieren especial atención por parte de sus propietarios.
La identificación de grietas o daños visibles y la evaluación de las estructuras por especialistas son algunas de las medidas que pueden contribuir a detectar riesgos antes de que ocurra un nuevo movimiento de gran intensidad.
La prevención tampoco se limita a las condiciones de los edificios. La preparación de la población resulta fundamental para responder ante interrupciones de servicios, fallas en las comunicaciones o cortes de energía que pueden acompañar a un terremoto.
Por ello, los simulacros y la información sobre protocolos de emergencia forman parte de las herramientas desarrolladas en las últimas décadas. Cada 19 de septiembre, además, se realiza un ejercicio nacional que mantiene vigente la memoria de los terremotos ocurridos en 1985 y 2017, separados por 32 años y ocurridos en la misma fecha.
En Tlatelolco, uno de los sitios más emblemáticos de la tragedia de 1985, vecinos, sobrevivientes y familiares se reunieron este viernes para participar en una misa en memoria de las personas que perdieron la vida.
La ceremonia se realiza anualmente desde 1986 y tiene como uno de sus principales objetivos recordar a las víctimas del antiguo edificio Nuevo León y mantener presente la solidaridad que surgió entre los habitantes después del terremoto.
Durante el encuentro también se recordó a sobrevivientes que participaron durante años en estas conmemoraciones y que fallecieron recientemente. Entre ellos estuvieron Rebeca Orozco Barrientos y Gloria Juárez Parga.
Cuauhtémoc Abarca, integrante del Comité Tlatelolco 19 de Septiembre, relató que presenció el colapso del edificio Nuevo León desde el inmueble Yucatán, ubicado frente a la construcción, y posteriormente participó en las labores de rescate.
Otros sobrevivientes compartieron también sus recuerdos de aquella mañana. Juan Carlos Carmona tenía 16 años cuando ocurrió el terremoto y se dirigía a la escuela. Desde Tlatelolco presenció la caída del edificio y perdió a personas cercanas, entre ellas amigos, vecinos y una joven de 15 años que era su pareja.
Más de cuatro décadas después, las historias de quienes vivieron el terremoto mantienen una doble función: recordar a quienes murieron y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de estar preparadas.
La experiencia acumulada desde 1985 ha permitido fortalecer las normas de construcción, los sistemas de alerta y la protección civil, pero los especialistas coinciden en que la prevención requiere una revisión constante de las edificaciones y una población capaz de responder ante una emergencia.









