Miles de personas en Estados Unidos se unieron a una jornada de huelga nacional para protestar contra las redadas migratorias impulsadas por el gobierno del presidente Donald Trump. La convocatoria, bajo el lema «no trabajar, no ir a la escuela, no comprar», busca visibilizar la oposición a las operaciones de control migratorio realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La medida surge tras incidentes recientes, como el tiroteo de Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos en Minneapolis, mientras grababa a agentes de ICE, y la muerte de Renee Good el 7 de enero, quien falleció tras recibir un disparo mientras estaba al volante. Estos hechos han reavivado la preocupación pública sobre las tácticas de la administración en materia migratoria.
En varios estados, como Arizona y Colorado, escuelas cancelaron clases por anticipación debido a la posible ausencia masiva de estudiantes y personal. En Minneapolis, cientos de manifestantes se concentraron frente al Edificio Federal Bishop Henry Whipple, donde realizaron marchas, discursos y abucheos a los agentes, exigiendo que renunciaran a sus cargos y abandonaran la ciudad. Gran parte del grupo se dispersó después de advertencias de arresto por obstruir la vía pública.
Ciudadanos como Michelle Pasko, trabajadora jubilada de comunicaciones, se sumaron a las protestas tras presenciar detenciones de inmigrantes en su localidad. «Todos en este país tienen derechos, y el gobierno federal parece haberlo olvidado. Estamos aquí para recordárselo», declaró.
En Michigan, estudiantes de Groves High School, en Birmingham, abandonaron temporalmente las clases y caminaron hasta el distrito comercial local para unirse a la manifestación. Logan Albritton, estudiante de 17 años, expresó: «No es correcto tratar a nuestros vecinos y compatriotas de esta manera».
Varias empresas también se sumaron a la huelga, cerrando sus negocios o destinando parte de sus ingresos a organizaciones de apoyo a inmigrantes. En Nueva York, la panadería Otway Bakery decidió mantener sus puertas abiertas, pero donará el 50% de sus ganancias a la New York Immigration Coalition.
En Portland, Maine, donde ICE anunció el fin de sus redadas más agresivas, residentes y estudiantes se congregaron frente a una iglesia con carteles que decían «No ICE for ME». La administradora escolar Grace Valenzuela denunció que las acciones de ICE generan «trauma diario» y afectan la seguridad y estabilidad de los centros educativos.
El alcalde de Portland, Mark Dion, destacó la importancia de la protesta pacífica como un ejercicio de democracia: «La disidencia es democrática. La disidencia es estadounidense. Es la piedra angular de nuestra democracia».





