Una huelga general en Italia interrumpió de manera significativa los servicios de transporte, educación y salud en todo el país. La protesta fue convocada por la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) en rechazo al proyecto de ley de presupuesto 2026 del gobierno conservador de la primera ministra Giorgia Meloni.
El paro afectó especialmente al transporte ferroviario, provocando cancelaciones y retrasos en trenes de larga distancia y regionales. Las escuelas públicas suspendieron clases, mientras que en varias ciudades la falta de transporte público local obligó a los estudiantes a permanecer en casa.
El sindicato justificó la huelga exigiendo mayores recursos para salud, educación y vivienda, así como medidas que garanticen la seguridad laboral. El secretario general de la CGIL, Maurizio Landini, quien encabezó la protesta en Florencia, calificó el presupuesto como “injusto, equivocado y peligroso” y señaló que los bajos salarios representan la principal emergencia social, un problema que las medidas gubernamentales no resuelven.
Decenas de miles de trabajadores se movilizaron en unas 50 concentraciones organizadas de norte a sur del país. La CGIL estima que más de medio millón de personas participaron en las manifestaciones en apoyo al paro.



