Marcial Maciel, 18 años después de su muerte, permanece impune

Por Redacción AAMX
4 Min Read

El 30 de enero de 2008, Marcial Maciel falleció en Estados Unidos, dejando tras de sí un historial de abusos que afectó a al menos 60 menores de edad, incluidos sus propios hijos biológicos. Fundador de la congregación Los Legionarios de Cristo en los años 40, Maciel cometió durante décadas abusos sexuales, físicos y psicológicos.

A casi dos décadas de su muerte, especialistas advierten sobre los efectos de la llamada «violencia espiritual» que sufren las víctimas de abuso clerical, un tipo de daño que afecta la fe, la relación con Dios y la percepción de límites emocionales, dificultando su superación incluso años después.

En 2010, el Vaticano reconoció que Maciel llevaba una doble vida contraria a los valores religiosos. La congregación reportó oficialmente en 2019 la cifra de víctimas, evidenciando un patrón de encubrimiento por parte de la institución eclesiástica.

Expertas como la psicopedagoga Maribel Borrego y la victimóloga Geru Aparicio explican que el abuso sexual infantil dentro del contexto clerical genera una relación de poder en la que la víctima está subordinada al adulto agresor, generando ambivalencia afectiva, donde los niños experimentan simultáneamente malestar y cierta percepción de «buen trato».

Las víctimas relatan cómo Maciel justificaba sus abusos con argumentos religiosos falsos, y cómo la violencia emocional y el grooming preparaban el terreno antes del abuso físico. Las especialistas señalan que los agresores actúan sin asumir responsabilidad, usando la intimidad como herramienta de control y manipulación.

El daño causado por Maciel no solo afectó la esfera física, sino también la emocional y espiritual de las víctimas, generando disonancia cognitiva y dificultando que los menores reconozcan el abuso como delito. Muchas personas tardan décadas en romper el silencio debido al miedo y a la manipulación.

El contexto histórico y social también influyó en la perpetuación de los abusos. Para familias católicas de escasos recursos, la cercanía con un sacerdote podía representar prestigio y acceso a educación o alimentación, lo que dificultaba cuestionar el comportamiento del agresor. La sociedad patriarcal y adultocéntrica de la época contribuyó a que los menores fueran percibidos como objetos de pertenencia.

Testimonios de víctimas, como Juan José Vaca y Arturo Jurado, relatan que Maciel fue abusado en su infancia, lo que podría haber influido en su perfil criminal. Expertas advierten que el ciclo de abuso puede reproducirse en otras víctimas, y subrayan la importancia de la educación sexual integral como derecho humano y de garantizar el apoyo a las víctimas por encima del agresor.

Finalmente, Aparicio enfatiza que no se debe responsabilizar a los padres o a las propias víctimas por el silencio, sino centrar la atención en el perpetrador y en garantizar justicia, reparación y visibilización de los daños sufridos.

Los relatos de Vaca y Jurado se recopilan en el libro «Marcial Maciel: Historia de un criminal» de la periodista Carmen Aristegui.

Comparte este artículo