Orlín y Carolina, dos jóvenes hondureños, dicen que ya no buscarán el llamado “sueño americano”. Tienen pensado, revelan, quedarse a vivir en Juchitán, donde hallaron un empleo mejor remunerado que en su país, del que salieron hace unos tres meses.
Ambos jóvenes, de 19 y 18 años de edad, respectivamente, perdieron sus empleos en el departamento de Lempira, donde él colocaba sacos de alimentos básicos de una bodega al camión y ella trabajaba en una tienda de prendas de vestir.
Frente a las grandes dificultades que la comunidad migrante enfrenta en su trayecto hacia el territorio estadounidense ante la política de contención del gobierno mexicano, cientos de extranjeros están buscando oportunidades de empleo en la región del Istmo de Tehuantepec, como no ocurría desde hace al menos dos años.
Junto con Orlín y Carolina, Alex de El Salvador y Paola de Venezuela, trabajan en la venta de pollos asados y tacos de cecina, un negocio local que además se ha dedicado a vender alimentos a los cientos de migrantes que llegan a esta ciudad.
“Los contraté porque son muy trabajadores y conocen otros oficios”, cuenta Luis Ángel, dueño del negocio.
“Hace unos dos meses, me pidieron una oportunidad”.



