Las protestas en Irán han cobrado la vida de más de 2.000 personas, según reportes de activistas, en la escalada más letal de manifestaciones en décadas. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, informó que 1.850 de los fallecidos eran manifestantes, mientras que 135 pertenecían a fuerzas gubernamentales y nueve eran niños. Además, más de 16.700 personas han sido detenidas.
Estas movilizaciones comenzaron hace poco más de dos semanas por la crisis económica y la depreciación del rial, y rápidamente se convirtieron en un movimiento político contra la teocracia, con consignas en contra del líder supremo Ali Jamenei y pedidos de restauración de la monarquía Pahlaví. La represión ha incluido despliegues masivos de policía antidisturbios, miembros de la Guardia Revolucionaria y restricciones de acceso a internet en todo el país.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la suspensión del diálogo con Irán y expresó su apoyo a los manifestantes: “He cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que el asesinato sin sentido de manifestantes se DETENGA. LA AYUDA ESTÁ EN CAMINO”. También planteó la posibilidad de enviar satélites Starlink para restaurar la comunicación en el país.
Los testigos describen una fuerte presencia de seguridad en Teherán, edificios gubernamentales y bancos incendiados, calles semivacías y censura en servicios de comunicación. Mientras tanto, la televisión estatal reconoció la existencia de “muchos mártires” y transmitió manifestaciones progubernamentales en distintas ciudades, con cánticos contra Estados Unidos e Israel.
La comunidad internacional ha mostrado preocupación. La Unión Europea estudia nuevas sanciones y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, manifestó apoyo a los manifestantes. Desde el exilio, Reza Pahlaví, heredero del último sha, ha instado a mantener las protestas.
Estas movilizaciones se suman a un historial de protestas reprimidas en Irán, como las de 1999, 2009, 2011, 2019 y las recientes de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, reflejando un descontento social y político persistente con el régimen de los ayatolás.








