Aunque Donald Trump se presenta como un pacificador, los primeros meses de su segundo mandato muestran un enfoque de política exterior marcado por medidas agresivas y declaraciones controvertidas, especialmente en relación con armas nucleares y conflictos internacionales.
Trump ha adoptado una interpretación de la doctrina de Ronald Reagan de “paz a través de la fuerza”, que combina el fortalecimiento militar con amenazas y acciones directas. Durante un reciente viaje a Asia, el mandatario anunció la imposición de nuevos aranceles a Canadá, mientras la Marina estadounidense realizaba ataques contra embarcaciones sospechosas de tráfico de drogas en el Pacífico y desplazaba tropas hacia el Caribe, en el mayor despliegue militar de EE. UU. en América Latina en más de 50 años.
En paralelo, Trump generó inquietud al insinuar en redes sociales la posible reanudación de pruebas nucleares, aunque no ha aclarado si se trataría de detonaciones subterráneas o pruebas rutinarias de sistemas con capacidad nuclear. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, insistió en que la intención del gobierno es mantener el arsenal más fuerte posible para garantizar la seguridad mediante la disuasión.
Además, el presidente estadounidense advirtió al gobierno de Nigeria sobre la persecución de cristianos en ese país y anunció que el Pentágono planearía posibles acciones militares, mientras la administración nigeriana rechazó las acusaciones.
El enfoque de Trump combina movimientos abruptos y a veces contradictorios: el presidente ha cambiado posturas sobre conflictos como el de Ucrania y ha ejecutado operaciones militares en Irán y el Caribe, buscando resolver problemas de manera rápida y visible. Aunque estas acciones le han dado cierta influencia y parecen mantener a adversarios y aliados cautelosos, expertos señalan que la falta de consistencia y de consulta con otras instancias puede generar riesgos para la seguridad nacional y la estabilidad internacional.
Analistas advierten que, si bien los ataques breves y puntuales han causado impactos significativos, es posible que los problemas no se resuelvan a largo plazo, y que el riesgo de caer en conflictos prolongados, similares a los de Irak y Afganistán, sigue presente, especialmente en la región latinoamericana y en el contexto nuclear global.



