Aunque el Istmo de Tehuantepec es un corredor natural que alberga a especies como el jaguar, el tapir, el mono araña y el ocelote, el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT) solo contará con un paso destinado al cruce de fauna silvestre a lo largo de sus 133 kilómetros de recorrido.
Ese único punto se ubicará en el kilómetro 223+380, entre Chivela y Lagunas, Oaxaca, y no forma parte del diseño original del proyecto ferroviario. Su construcción responde exclusivamente a una condición que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales impuso para otorgar la autorización ambiental, según reconoce el propio FIT en el anexo técnico del contrato FIT-GARMOP-SZ-26-2024.
La Semarnat, a través de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental, estableció en la Condicionante Octava que el ferrocarril debía adecuar obras de drenaje y crear un programa de monitoreo para permitir el cruce seguro de especies amenazadas en la zona, como el jaguar, el pecarí de labios blancos, el yaguarundí y diversas variedades de primates y felinos.
El Istmo es considerado una de las regiones más ricas en biodiversidad del país por su ubicación estratégica entre los ecosistemas del Golfo de México y el Pacífico. Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, allí convergen bosques tropicales, selvas bajas y matorrales que funcionan como rutas naturales para mamíferos, aves y reptiles, muchos de ellos en riesgo.
Pese a esta relevancia ecológica, hasta ahora el FIT solo contempla una obra para mitigar el impacto sobre la vida silvestre, lo que especialistas consideran insuficiente para proteger a las especies que dependen de este corredor biológico.




