Aunque la esperanza de vida en México ha crecido en las últimas décadas, ese avance no necesariamente se refleja en mejores condiciones de bienestar, ya que muchas personas pasan más tiempo enfrentando enfermedades o discapacidad, de acuerdo con investigaciones del Centro de Investigación en Políticas, Población y Salud de la Facultad de Medicina de la UNAM.
Durante el seminario Determinantes Urbanas de la Salud y el Bienestar, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, la especialista Marcela Agudelo Botero señaló que en el país persisten profundas desigualdades tanto en la duración como en la calidad de vida, influenciadas por factores territoriales y de género.
La académica resumió el panorama al señalar que en México se vive más tiempo, pero no necesariamente con mejor salud, lo que evidencia limitaciones estructurales dentro del sistema sanitario y fallas para cerrar brechas en atención médica.
El análisis indica que entre 1990 y 2021 dominaron las enfermedades no transmisibles, entre ellas diabetes, padecimientos cardiovasculares y cáncer. Tan solo en 2021, estos males representaron entre 55 y 68 por ciento de la pérdida de años de vida saludable.
A la par, continúan presentes enfermedades transmisibles y causas externas como homicidios, suicidios y accidentes, lo que agrava la carga sanitaria nacional.
La pandemia de Covid-19 también impactó de manera importante al reducir en 3.1 años la esperanza de vida nacional. Las afectaciones más severas se registraron en la Ciudad de México con una caída de 4.3 años, así como en Morelos y Zacatecas con 2.7 años menos.
En contraste, entidades como Guerrero, Oaxaca y Durango mostraron incrementos en este indicador durante ese mismo periodo.
Asimismo, la mortalidad por enfermedades transmisibles creció 50.3 por ciento, impulsada principalmente por la emergencia sanitaria, mientras que las muertes por enfermedades no transmisibles disminuyeron 16.8 por ciento, aunque siguen encabezando las principales causas de fallecimiento.
Entre 1990 y 2019, la esperanza de vida aumentó cerca de 6.7 por ciento, pero los años vividos con buena salud solo crecieron 6.4 por ciento, lo que refleja un rezago en calidad de vida.
En la capital del país, por ejemplo, la población ganó hasta nueve años de esperanza de vida, aunque ese progreso no se tradujo en igual proporción en años saludables.
El estudio también detectó diferencias entre hombres y mujeres. En promedio, las mujeres viven 11.8 años —equivalente al 15 por ciento de su vida— con problemas de salud o discapacidad, mientras que en los hombres la cifra es de 8.8 años.
Otro hallazgo relevante es la elevada mortalidad por causas evitables en México, según parámetros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lo que genera una fuerte presión económica para las familias, que cubren más del 40 por ciento del gasto total en salud con recursos propios.
Aunque se han observado mejoras en acceso y calidad de servicios médicos, estas no han sido uniformes entre regiones y además muestran señales de estancamiento reciente.
Finalmente, el estudio, basado en estimaciones del Global Burden of Disease, plantea la necesidad de diseñar políticas públicas diferenciadas para cada estado, con el objetivo de garantizar no solo más años de vida, sino mejores condiciones de salud y bienestar.








